viernes, 12 de febrero de 2016

Es tiempo


Después de meses de esfuerzo constante, estoy más despierta que nunca. Dicen que cada esfuerzo tiene su recompensa.  Días de café cargado. Corro porque no llego, si entro en una salgo de otra. Siempre corriendo. Estrés y más estrés. ¿Qué tal esos finales? y siempre contestas con un "bueno espero llegar". ¿Y los trabajos? sin corregir. Quieren que me supere más. De eso se trata. Pero ¿más de lo que hago? Si, de eso se trata, no estás en el colegio, esto es duro ya lo sabes, estás sola, tú eres tu maestro y tu alumno. Bueno así lo decidí. Siempre me ha gustado llevar mis propias riendas. Mi tiempo. Mi trabajo. Aprendiste a ser autosuficiente.

Febrero. Segundo mes del año ¿Y ahora qué? Tu Enero ha ido muy deprisa. Ni lo viste irse. Alguien que me diga qué es lo que ha pasado en el mundo. Bueno, algo he visto. Pero quiero saber más. Los libros sobre cómo se forma la mente humana han sido tu única compañía, y ¿qué más puedes pedir? Ya eres consciente de que tienes un propósito. Personas. Aunque a veces no congenias. Eres activista de tu propia voz, porque no te callas lo que piensas. Porque te parece denigrante las injusticias. Detestas el poco razonamiento y las mentes rígidas, siempre lo has odiado. A estas alturas deberías saberlo. Paciencia. De eso se trata, escuchar. Tu obligación es ayudar a otro. Servidora de la mente humana. Suena bien. Me encanta.

Lejos de todo eso, ya es hora. Ya es hora de tomar un respiro. Descolgar el teléfono y hacer infinitos planes. ¿Qué haces hoy? Irnos de copas. Vacaciones. Tiempo de coger esos libros que no terminaste que tienes en el estante de tu escritorio. Pero ¿Cuál? Tienes tantos. Me gusta. Tiempo de irte. Perderte.

Es lo que me gusta. Tiempo para mi misma. Construir mi propio camino. Lo que siempre he planeado. Nada más. Todo lo que necesito. Películas. Libros. Espacio. Pensar en cómo llegar a mis metas y no en cómo agradar ni esperar a nadie. Las mujeres no nacimos para esperar milagros. Presente. Futuro. Nada de pasados.

Es tiempo de coger esa máquina de Philips y usarla. Es tiempo de comprarte recetas de cocina y hacerlas. Es tiempo de visitas. E inesperadas también y mejor. Hacer lo que te plazca, bueno siempre lo haces. Porque eres rebelde. Esta vez más. Escaparme. Escuhar el mar, lo que más me relaja. Tiempo de volver a reestablecer la mente. Mente inquieta. Tiempo de leer todos los artículos de interés. Tiempo de echar un vistazo a los otros blogs. Tiempo para la familia. Amigos. Risas y una buena comida. Nada más. Tiempo para mi mundo. Mi parcela. Disfruta.



miércoles, 13 de enero de 2016

Educar el corazón

A lo largo de décadas se han demostrado estudios científicos de carácter hereditario, y como ya sabemos estamos fuertemente influenciados por una carga genética que nos hace ser de una determinada manera.
También sabemos, que somos lo que hemos vivido, conforme a nuestras experiencias, tanto buenas como malas, pero hoy quiero ir más allá de un simple papel Biopsicosocial, hoy quiero hablar de algo que a veces no se quiere ver pero está ahí, hablo de la educación.

Educar, no es una simple palabra de traspasar las formas de diálogo, respeto, amabilidad, moralidad y legalidad, que a veces se enseñan de forma errónea, educar es muchas cosas.

Educación no sólo para la sociedad sino para la propia persona, me refiero a educar el corazón, no el conocimiento.

Educa a tu hijo/a de tal manera que cuando sea adulto/a sea capaz de saber qué es el perdón, que se vista de honestidad todos los días de su vida, sólo así podrá llegar lejos.
Educa a tu hijo/a para que sea capaz de ser una persona competente y no influenciable.
Educa a tu hijo para que sepa que llamar puta a una mujer no le hace más hombre, edúcalo para que sepa que la virtud de las mujeres no se llama virginidad, sino inteligencia y libertad.
Educa a tu hija para que sea fuerte, independiente e inteligente.
Educa a tu hija para que comprenda que machacar a otra chica verbalmente hace que las mujeres no avancemos. 



Hay algo que vale más que saber mucho académicamente, la sinceridad.
Educa a tu hijo/a para que entienda que no debe esperar nada de nadie, sino todo de él/élla.
Educa a tu hijo/a para que crea firmemente en sus principios y sea lo suficientemente grande para defenderlos.

Educa para que entienda y reconozca sus emociones y sentimientos, la adolescencia no se basa en adoptar una identidad hipotecada, es decir, patrones adultos, sino vulnerables para que así crezcan dándose cuenta de sus fallos. No le des facilidad para apoderarse de todo, sólo dale alas para que crezca dentro de sus actitudes y decisiones, caídas y sacudidas.



Hazle saber por favor la idea de que tiene que ser una persona libre, por derecho, en todo  lo que haga en su vida, sea hombre o mujer.

Demuéstrale que la dependencia emocional es sinónimo de anulación personal, pero que también la generosidad es sinónimo de buen corazón. No te vale de nada ser una persona aparentemente inteligente si no eres otra persona emocionalmente madura, que sabe ver dentro de sí y también de los demás. No te vale de nada ser alguien que se sabe todas las leyes si no sabes lo que es la justicia y no eres capaz de adoptar planes efectivos para personas con necesidades ya sean con diversidad, familias, niños, ancianos, ricos o pobres. No eres nadie porque tengas mucho dinero si no quieres compartirlo, y tampoco eres nadie si siendo persona te creas alguien para quitarle el derecho de vida a otra persona con las mismas funciones organísmicas que las tuyas.







domingo, 3 de enero de 2016

Memorias

Cuando  era una niña creía que vivir en la ciudad era la mejor de las ideas, pero me estaba convenciendo de algo que por supuesto no es totalmente cierto.
Siempre he sido de familia de naturaleza, mi madre se había criado en un rincón de este pequeño paraíso totalmente ajeno a la civilización, recuerdo que de niña siempre iba de visita a ver a los abuelos, yo siempre lloraba y berrinchaba porque por esos trayectos me mareaba, era algo por lo que no estaba dispuesta a pasar y siempre me ponía con el ceño fruncido.

Recuerdo que salíamos a hora muy temprana, porque eran muchos kilómetros me decían, y a mi no me gustaba tener que madrugar, por el camino pasaba de ver coches y negocios hasta senderos, árboles, personas de viejas costumbres, en fin, otro mundo.

Siempre deseaba llegar a mi destino para que se acabara el mal trago que pasaba en el trayecto de camino en el coche, las carreteras con grandes curvas para los niños pequeños es lo que tiene, pues un niño pequeño es hedonista, se aleja del dolor y se acerca al placer, cierra los ojos y se sumerge en su mundo tanto, que no aprecia lo que es posiblemente otro mundo ajeno a ellos.
Una vez llegaba, lo cierto es que siempre me recibían bien, lo cual no entendía muy bien por qué, sólo quería que me dejaran un respiro después de horas sentada y a la espera, pero a pesar de ello, me servían el desayuno en la cocina, y a mis padres el típico café mañanero que se agradece en un ambiente tan frío. Esa es otra, odiaba el frío, a los niños no les gusta sentirse no cálidos por eso, más se sumaban las razones por las cuales encerrarse a no apreciar un sitio así, donde no tener amigos para jugar lo que restaba más puntos.

A medida que iba pasando el día, me iba acomodando a aquel lugar, un lugar de familia acogedor, donde recuerdo que un abrazo a mis abuelos siempre me hacía sentir bien, esas comidas que te prepara la abuela que repites dos o tres platos más, un lugar lleno de apreciables animales, limoneros, naranjeros, flores y llamativos árboles. Recuerdo que sobre el mediodía a las 12:00 aproximadamente, salía el sol, y en los días de primavera aquello era tremendamente lujoso, solíamos reunirnos todos  a pasar el rato bajo el sol en el patio de la entrada, yo como niña haciendo de las mías y los adultos contando anécdotas. Hasta que pasaba otro fin de semana y se repetía la misma historia, la de resistirme a aquello.


Pero la verdad que con los años y la edad, vas creciendo en etapas de presión, estrés y mucho que desear y la verdad que necesitas desconectar de vez en cuando.


Desde hace unos pocos años atrás, empecé a abrirme a otras ideas, y dicen que quien logra abrirse a otras ideas nunca vuelve a su tamaño original, pues definitivamente yo logré ese paso. 
Me percaté de que me encantaba lo diferente, me encantaba la paz, la tranquilidad, el aire puro, disfrutaba en la naturaleza, era el lugar idóneo para una persona introspectiva como yo
Recuerdo que habían días que quería que llegara para poder estar en ese sitio, me llevaba mis apuntes para estudiar, me encantaba estar estudiando bajo el sonido de los pájaros y los árboles, en un rincón donde podías procesar mucho mejor la información que leías. Otras veces me llevaba libros para envolverme en aventuras que te hacen vivirlas en primera persona, en compañía de todo aquello y de vez en cuando de los sonidos de los moteros que rondaban por la zona. Cada amanecer era una bendición, tu vista te da las gracias de vez en cuando por lo que le regalas y te das el lujo de guardar. Todo aquel que lo ha vivido sabe de lo que hablo.



Pero definitivamente, no sólo me quedo con ese recuerdo, habían dos personas que habitaban aquella casa, y uno de ellos en concreto, fue la persona que más me marcó, sobre todo porque empecé a pasar más tiempo con él cuando tenía uso de razón.

Él era la persona que quedaba, abundaba la casa de compañía, no hablaba mucho, pero sabíamos que algo había. Realmente me reconfortaba ver que él estaba allí, descansando tras muchos años de vida, de darlo todo, descansando de lo que para mí empezaba. Siempre me daba bromas, yo solía mirarme mucho en el espejo y él se reía. Ahora que ya no está, ese lugar ya no es el mismo, ya no voy tanto como antes, y no se imaginan las ganas que siempre tengo de revivir aquellos momentos, todos los días me acuerdo de él, hace tres años que no está, pero para nosotros es sólo una pérdida física.












domingo, 6 de diciembre de 2015

Paper Towns


En un mundo lleno de convencionalismo y apariencias, allí estaba ella, tratando de llegar al fondo de cada enigma, intentando que no se le escaparan las ganas, ni una sóla gota de ilusión y euforia que se siente al descubrir las deformidades de la vida.

Ella era experta en eso, sabía muy bien lo que tenía que hacer para no quedarse con una duda, nada odiaba más en el mundo que quedarse quieta, no soportaba la idea de irse a dormir sin saber la respuesta.

De alguna manera u otra ella se daba cuenta que no pertenecía a ese mundo, que no encajaba con las rutinas, no contaba con una vida resuelta ni un seguro de vida, algo no funcionaba bien. Se decía una y mil veces que ese mundo no era para ella, que tendría que haber otro sitio en algún lugar de este pequeño mundo para las personas como ella. 

No es que viviera en las nubes, ella pensaba que, realmente quien vivía en las nubes era quienes no luchaban por romper barreras, los que no luchan por el inconformismo, estaba segura con total convicción que el verdadero realismo era ese, la necesidad de romper esquemas.



Se negaba a no darse el lujo de saber lo que es escapar cuando algo va mal, de perderse cuando no hay una salida, no quería saber nada de nadie que le dijera los pasos a seguir, ella era realmente libre, sin prejuicios, sin compañía de los que dudaban de ella, sin los que no se arriesgarían nunca por una vida mejor.

Ciudades de papel.


sábado, 21 de noviembre de 2015

En el dolor está la vida




Los días hacen el presente y la historia el pasado, es en el color negro donde está la vista, aunque no se vea, es en el bache sin salida donde está la salida, aunque no la veas y en pensamientos profundos y estados vacíos donde está tu esencia cuando no te sientes.

Es en cuatro paredes y sin luz donde te encuentras, es en el silencio donde te escuchas y es en las puñaladas que recibes donde conoces el valor de la honestidad.




Que no te cuenten historias, aquellos que no fueron derrotados y lastimados por amor, que no digan que vivieron porque no es así. 

La verdadera sabiduría se esconde en el silencio, porque mientras más grande es el dolor más privado es el corazón.

Son los corazones que una vez se enfadaron con el mundo los que vieron parte de el, son aquellas personas conocedoras de los caprichos de la mente quienes saben cómo funciona.

No hace falta que te digan que entre dos está la experiencia, porque todos aquellos que hemos sido arrastrados no hemos estado necesariamente al lado de alguien, se puede sufrir sin estar comprometido, se puede llorar sin poseer a nadie, podemos quemarnos sin un anillo, podemos suspirar a base de pasar páginas que nunca se acaban.



Entonces, es en esas personas donde resiste la voluntad, quienes saben lo que es quemar cartuchos de paciencia, los que conocen las intenciones, los que saben de profundidad, los que han visto el vacío, los que suspiran, los que están rotos, es en ellos donde radica la experiencia. Hay personas que han visto pasar cómo les destrozan el órgano de los sentimientos y saben muy bien que se reconstruye a base de asimilaciones de dolor y una botella de vino de vez en cuando para olvidar momentáneamente. Las hay que han visto cómo el cerebro se va gastando de pensamiento por usarlo tanto, y deciden escapar del mundo con un "que le den por culo a todo esto, yo me pierdo".

Son esas personas, las que han dejado alguna vez de existir  y no saben en que momento sucedió, las que saben de lágrimas ocultas que ya se cansaron de salir, donde existe el saber de las cosas, que no te digan que una noche de san valentin y un ramo de flores es experiencia.
Son aquellos, los que por fin pueden escuchar esa canción que antes una persona no les dejaba, donde se encuentra la superación, que no te cuenten que están curados de espanto aquellos quienes sólo conocen de cines, citas y cenas felices y no saben lo que es el insomnio ni sobrevivir a una tormenta de las que no se olvidan.






viernes, 13 de noviembre de 2015

Un para siempre inexistente

Desde muy pequeños nos hacen creer que las cosas y las personas no tienen final, que todo es un bucle de amor incondicional, eterno y de perdones, se equivocan, pero vamos que si se equivocan. Definitivamente, no creo en los lazos o vínculos eternos, yo siempre he sido más de ciencia que de iglesias, más de ver para creer que creer a secas. Las cosas son objetos y como tal cumplen su función de servir y parar cuando ya no hacen falta. Las personas, tenemos otra finalidad que muy pocas veces solemos ver, somos tiempo, el tiempo que viene y va, cumplimos nuestra finalidad, quedarnos indefinidamente y nos vamos cuando aprendemos la lección.



Esa es la clave, poder vivir indefinida, loca, abierta y atrevidamente, aceptando que no existe un para siempre, de lo contrario, estás perdido, porque siempre vivirás de una manera incompleta, con el miedo y la frustración de perderte a la vuelta de la esquina cuando algo no está, con el miedo a fallarle a alguien que crees que estará ahí siempre y cuando  hagas algo fuera de tus principios, con el atrevido miedo de fallarte a ti mismo para que alguien se quede, eso para mí está totalmente fuera de juego, me alejo de la incoherencia y me sirvo por mis valores sin pensar en que a alguien no le guste.

Es curioso saber, que hasta que no aprendes algunas lecciones, no te das cuenta de que tu finalidad en este mundo es tu poder de aprender, y para aprender es necesario que sobrevivas a algo a lo que una vez tonificaste una unión, mentalmente fuerte, mentalmente atrayente.


Ya es hora de cambiar las creencias antiguas por las nuevas y realistas. Creer un poquito más en las decepciones del día a día que en películas de cine. Entender de una vez por todas, que las personas se unen por sentimientos e intereses, pero los sentimientos cambian y los intereses se acaban, si entiendes eso, entiendes la vida, no hace falta odiar a quien se alejo de ti, porque la verdad, es que te enseñó lo que vino a enseñarte. De nada nos sirve vivir esperando algo si no estamos preparados para su punto y final, no es negativismo, es aprender a ser conscientes de que caerse algunos días va a ser inevitable, injusto e inentendible y estar preparados para resistir más al golpe, es de ver la vida de color blanco, porque cuando llega sin esperarlo todo se convierte en negro.

Existe una gran diferencia entre aceptar y resignarse.
Aceptar es aprender, y resignarse es rebobinar. Aceptar es dejar ir, resignarse es convertirse en apego y víctima. Aceptar es ver con otros ojos, salir, sobrevivir y sumarle experiencias a la vida, resignarse es luchar para que algo salga como queramos y no avanzar.



Tarde o temprano, entendemos que no hay mayor valentía, que dejar lo que un día fue y continuar con lo que será.  


sábado, 7 de noviembre de 2015

Quizás si eras tú...

Quizás si eras tú, pero no era el momento, quizás si eramos nosotros, pero no los indicados.

Mentiría si te viera ahora mismo y me tocara hablar, mentiría si nos viéramos y nos tocara  hablar. Siempre hay un pensamiento que por muy fugaz que sea nos recuerda a alguien, y es que a veces son esos tatuajes tuyos los que me hacen recordar la importancia de un dibujo en la piel, porque al fin y al cabo eso es lo que somos, significado, y a veces nuestra mente humana es tan fetiche que elige el recuerdo del significado de alguien...


Ojalá, pudiéramos encontrarnos en otro camino y ser menos intolerantes, con  menos terquedad, más experiencia, con ganas de reconstruir lo que una vez rompimos, por nuestra falta de empatía y nuestra falta de entender la valiosa necesidad de comunicación entre dos pensamientos opuestos, que intentan ponerse a medias, estando muy inigualados.
Ojalá, pudiéramos ser los únicos privilegiados de este mundo que puedan disfrutar de una segunda vez y que salga bien, que seamos esos que hayan visto sus errores en el otro e intentemos mejorarlo, y que salga bien. Que seamos esos que se rían de los que piensan que las segundas oportunidades nunca fueron buenas, porque la nuestra sale bien.

Ojalá, pudiéramos disfrutar de ese café que nunca se nos sirvió, pero que tomaremos con otras personas hechas a medida para cada uno. Ojalá, pudiéramos disfrutar de esa maldita conversación donde nos digamos ¿Qué fue lo que falló? mientras sale bien.

Ojalá, que seamos las únicas almas en algún rincón del mundo que después de una tormenta, todavía tengamos ganas de hablarnos mirándonos a los ojos sin rencor, sólo con ganas de volver a empezar una y otra vez lo que se rompe y sufre daños irreparables, esos daños que las personas precisas no soportan, aunque todo eso no sea vida y sólo sea inestabilidad, porque la inestabilidad para nosotros es de usar y tirar, nos olvidamos de ella tan pronto aparece de nuevo el equilibrio, y pum, nos rompimos de nuevo. Ojalá, tengamos esa inagotable e ingenua ilusión de que lo que rompamos con palabras, se arregle con miradas, pero en nuestras mentes no cabe ni una gota de idealismo, sabemos muy bien que eso no funciona, somos dos perfectos idiotas realistas.

No volveremos, yo no volveré a ti porque ya no tengo esa necesidad de verme caer cada vez que te hablo,  y tú no tienes esa necesidad de sentirte inseguro cada vez que me voy  y regreso cuando quiero, sólo cuando me siento perdida, y tú te pierdes más, las cosas de dos no pueden salir bien así, las personas indicadas no están destinadas a alejarse.

No supimos ni sabremos valorarnos, no estamos ni estaremos hechos para entendernos, pero todos tenemos una historia que merece ser contada, y toda historia acaba con algo, sea bueno o malo, siempre acaba con aceptación, aceptación de lo que fue y no pudo ser, y de lo que es y será.